martes, 12 de diciembre de 2006

Las Fuerzas Armadas en la encrucijada

LAS FUERZAS ARMADAS EN LA ENCRUCIJADA


INTRODUCCION


Que los ejércitos se han visto involucrados en la historia y la vida
política de las naciones, para nadie constituye una novedad; sin embargo, si
miramos el tema en perspectiva histórica se advierte una tendencia clara;
las fuerzas armadas reconocen una subordinación al poder civil casi sin
excepciones.


Un aspecto siempre problemático han sido las transiciones desde gobiernos
autoritarios o dictatoriales a sistemas democráticos, muchas veces en medio
de situaciones de confusión y violencia.


Por otro lado es un error muy común suponer que los dictadores son grandes
favorecedores y modernizadores de sus fuerzas armadas.


Otros países pasaron por transiciones tanto o más duras que lo que puede ser
la de Cuba y en todos los casos, sus fuerzas armadas se integran hoy dentro
de la vida democrática.


Hemos querido tomar ejemplos bien diversos para nuestro análisis, países que
como Chile, España, Argentina, la República Popular China o Polonia
partieron de muy diversas realidades políticas, sociales y económicas, de
muy diversas geografías, de muy diversas situaciones en el mundo. Sin
embargo todas estas experiencias, aún la de la República Popular China, en
pleno desarrollo, tienen una característica común, son exitosas, no
solamente para las fuerzas armadas que las llevan a cabo directamente sino
para sus propios países.


Otra experiencia que nos resulta de analizar estos casos es que no existen
“recetas” universalmente válidas, cada país va encontrando su propio camino,
con aciertos y errores. Un ejemplo es el tema de las “salvaguardas” que
algunas fuerzas armadas establecieron frente a los nuevos gobiernos civiles
en medio de las transiciones; en el caso chileno, estas salvaguardas se
incluyeron en la legislación, tuvieron aprobación parlamentaria y
funcionaron eficazmente; hoy la sociedad toda entiende que ya no son
necesarias y con la anuencia de las fuerzas armadas, se van dejando de lado,
en la medida en que el desarrollo político y económico del país lo va
haciendo innecesario.


Lo mismo sucede con la participación de las fuerzas armadas en el desarrollo
tecnológico y económico del país; en el caso español la intervención de las
Fuerzas Armadas en la economía es extremadamente limitada, lo mismo sucede
en Argentina; sin embargo en Chile es bastante elevada y en la República
Popular China han creado un modelo que bien puede calificarse de único.


Otro rasgo destacable es que todos los cambios han repercutido en un aumento
de la profesionalidad, el prestigio y la tecnología disponible para ellas.


Las transiciones siempre traen inevitables incertidumbres, es imposible
decir con precisión milimétrica como van a desarrollarse, sin embargo, hay
otro común denominador en los casos que estudiamos, las fuerzas armadas no
interfieren en los procesos políticos colocándose en contra de la mayoría de
la población, esto de por sí, da a estas un perfil profesional, evita que
sean vistas por el pueblo como antagónicas al tiempo que evita inútiles
derramamientos de sangre que dejan heridas que luego tardarán generaciones
en cerrar.


De eso se trata en estas breves páginas.



CHILE: DE PINOCHET A LA DEMOCRACIA


Este caso es particularmente ilustrativo, por cuanto Chile pasa de un
intento de gobierno socialista/marxista (Salvador Allende) que intenta sin
éxito una tarea de adoctrinamiento de la sociedad, a un golpe militar de
derecha (Augusto Pinochet), que establece una dictadura que se extendió
entre 1973 y 1990.


Tanto en el golpe de estado cuanto en el gobierno posterior participan las
tres fuerzas armadas, de manera tal que por su profundidad y por su
extensión en el tiempo es válido decir que el llamado “pinochetismo” marcó a
las fuerzas armadas de Chile.


Dos consideraciones más: primera, la gestión de Pinochet es económicamente
exitosa y sienta las bases para el actual despegue de Chile; la falta de
libertad política se veía atenuada por este desarrollo y modernización de la
economía. Segunda, Pinochet confiaba en las fuerzas armadas que le eran
leales por lo que profesionalmente tanto el equipo como el entrenamiento
fueron una de las prioridades de su gestión.


La reacción de la sociedad chilena frente a su gobierno fue primordialmente
emocional, lo que se evidencia al producirse el plebiscito donde la opción
era dar o no por concluido el mandato del general. El voto popular le es
desfavorable, pero Pinochet obtiene que un 40% del electorado vote a su
favor.


Este plebiscito posibilitó una transición no traumática de la dictadura a
un sistema democrático y pluripartidista. Sin embargo, era innegable que
Augusto Pinochet había contado con el apoyo de las fuerzas armadas durante
su gobierno por lo que muchos se interrogaban respecto de qué es lo que
sucedería al efectuarse el retorno a la institucionalidad.


Después de largos períodos de regímenes autoritarios, parecía que el
principal problema que afrontarían las nuevas democracias, desde mediados de
los 80, sería el deseo de los militares de retornar al poder, con lo que el
tema del control civil efectivo era imprescindible para que el gobierno
electo pudiera no solamente definir objetivos políticos sino generar una
política de defensa.


Dos problemas serios se le presentaban al primer gobierno democrático;
primero, el alto nivel de prerrogativas militares consagradas en la
Constitución de 1980, que limitaban y aún limitan lo que el poder político
puede resolver respecto de las fuerzas armadas. En segundo término, el hecho
que las fuerzas armadas mantuvieran el poder tantos años llevó a que los
partidos políticos se desentendieran de los temas que hacen a la seguridad y
la defensa por cuanto los uniformados interpretaban que estos eran de su
exclusiva competencia, lo que condujo a la inexistencia de cuadros civiles
formados en estas temáticas, cosa que muy lentamente fue cambiando.


Pero un dato muy positivo que es imprescindible considerar fue la existencia
de un consenso en la sociedad civil y en los partidos políticos que incluían
y no marginaban a las fuerzas armadas.


El sistema político chileno es de un fuerte presidencialismo y esto incide
en la conformación del marco en el que van a insertarse las fuerzas armadas,
y que es de clara y directa subordinación de las mismas a la figura del
presidente, lo que entronca con la historia de Chile desde su independencia
y que no varió ni aún durante el gobierno militar, más bien al contrario,
Pinochet dejó siempre muy clara su voluntad de ejercer comando directo sobre
las fuerzas armadas.


Puede hablarse hoy de una segunda etapa en la relación cívica-militar, donde
la misma es de integración, no de conflicto, con lo que además, la política
de defensa no es vista como algo de “los militares”, sino como un tema en el
que participa la sociedad civil activamente.


Esto llevó a que Chile publicara en 1994 el primer Libro Blanco de la
Defensa Nacional, que consagró objetivamente el hecho que eran las
autoridades civiles las que diseñaban las políticas de defensa. Es relevante
señalar que tanto en esta versión (1994) como en la más reciente (2002), no
solamente participa el ejecutivo y las fuerzas armadas, sino que lo hace el
Parlamento, las universidades, centros de estudios y partidos políticos, con
lo que el diálogo pudo ampliarse y se logró la generación de una etapa de
confianza mutua.


Otro elemento para el análisis es que desde el Ministerio de Defensa se
viene llevando adelante un proceso de modernización, tanto de las propias
estructuras del ministerio, cuanto de estructuras, planes de estudio, planes
de entrenamiento e incorporación de equipos y simultáneamente se avanza
hacia un servicio militar voluntario.


En cuanto a la formulación de una “política de defensa”, Chile dejó de lado
la doctrina defensivo-disuasiva para lograr una mayor integración regional y
global, participando activamente en los esfuerzos internacionales.


Todo ello se refleja no solamente en una integración político social de las
fuerzas armadas, sino en un muy importante incremento de su calidad
profesional, al tiempo que consolida su papel institucional y las
independiza de los vaivenes de la política.



ESPAÑA: FUERON 36 AÑOS DE DICTADURA


Entre 1936 y 1939 España se vio sumida en una enconada guerra civil que no
solamente costó miles de muertos sino que, como toda guerra civil dejó
rencores y odios profundos entre los mismos españoles.


El llamado “bando nacional” dirigido por Francisco Franco triunfa
militarmente sobre los “republicanos” con lo que se va a instaurar un
gobierno autoritario que se conocerá como “Franquismo” y que se articula
políticamente en lo que se denomina “el movimiento”.


El gobierno de Franco se extenderá entre 1939 y 1975, un período de 36 años
de gobierno autoritario que si bien pasó por diversas etapas marcaría a
España en forma imborrable.


Los primeros años de la dictadura, “El Caudillo”,como se lo conocía a
Franco, va a apoyarse en las fuerzas armadas, triunfantes en la guerra
civil, como así también en las fuerzas de seguridad, principalmente en la
Guardia Civil, especie de policía militarizada que se convierte en una
herramienta de control de la sociedad.


La dictadura de Franco aísla casi por completo a España no solamente del
resto de Europa, pero del mundo en general, mantendrá lazos cordiales con
otros gobiernos autoritarios (una abierta simpatía hacia las potencias “del
eje” durante la segunda guerra mundial) pero en un marco global de
aislamiento.


A partir de los años 60 la relación de Franco con las Fuerzas Armadas
comienza a deteriorarse, “el movimiento” controlaba las promociones y los
cargos, al tiempo que el aislamiento internacional hacía que las fuerzas
entraran en un lento pero constante proceso de obsolescencia. Había pues un
problema político y uno técnico.


Con la muerte de Francisco Franco (noviembre de 1975) la transición podía
parecer fácil, pero en realidad no lo era. El fantasma de la guerra civil
parecía agitarse aún ante un país en el que existían grupos radicales de
extrema izquierda y donde tampoco faltaban grupos franquistas de extrema
derecha que contaban con un apoyo considerable dentro del ejército. Si
llegaba a producirse una situación política incontrolable, cualquier chispa
sería iniciar un temible proceso de acción-reacción.


La muerte del general Franco convirtió en protagonista político a Don Juan
Carlos de Borbón. Hasta noviembre de 1975 el príncipe se había mantenido en
un discreto segundo plano siguiendo las pautas marcadas por Franco. Pero la
desaparición del general iba a poner en evidencia que Don Juan Carlos tenía
un proyecto político, la implantación de un sistema político democrático en
el país.


Don Juan Carlos inició su reinado sin salirse de los cauces de la legalidad
franquista. Así, juró fidelidad a los Principios del Movimiento, tomó
posesión de la corona ante las Cortes franquistas y respetó la Ley Orgánica
del Estado para el nombramiento de su primer jefe de gobierno.


Será el Rey quien elija a Adolfo Suarez como presidente de gobierno porque
reunía las condiciones necesarias para realizar una operación política de
evidente dificultad: convencer a los políticos del sistema franquista
instalados en las Cortes para que desmantelaran dicho sistema. De esta
manera se respetaba formalmente la legalidad franquista y se orillaba, en lo
posible, el peligro de una intervención del ejército en el proceso de
transición.


Para dar credibilidad a su proyecto, Suárez fue adoptando una serie de
medidas políticas. En1976 hubo una amnistía política parcial que se
convirtió en total en mayo del mismo año. En marzo de 1977 se legalizó el
derecho de huelga y en abril del mismo año se decretó la libertad sindical.
También en marzo de 1977 se promulgó una Ley Electoral que cumplía las
condiciones necesarias para ser homologada con las de los países que tenían
un sistema de democracia liberal parlamentaria.


Suárez había iniciado sus contactos políticos con la oposición
entrevistándose con Felipe González, secretario general del PSOE, en agosto
de 1976. La actitud posibilista del líder socialista dio alas a Suárez para
llevar adelante su proyecto político, pero todo el mundo percibía claramente
que el gran problema para la normalización política del país iba a ser la
legalización del Partido Comunista. Éste constituía, en aquel momento, el
grupo político más organizado y con mayor número de militantes de la
oposición, pero, en una entrevista que tuvo Suárez con los mandos más
destacados del ejército (septiembre de 1976), éstos le manifestaron
claramente su oposición frontal a la legalización del PCE.


Adolfo Suárez conocía bien que dentro del ejercito el llamado "búnker" el
grupo de los "duros" del franquismo, ejercía una evidente influencia sobre
importantes sectores militares. Estas fuerzas podían constituir un obstáculo
insalvable si lograban poner al ejército en contra de la reforma política.


Para salvar ésta dificultad, Suárez intentó apoyarse en el grupo de
militares más liberales a los que buscó colocar de los puestos de mayor
responsabilidad. La personalidad más destacada de esta tendencia dentro del
ejército fue general Manuel Gutiérrez Mellado quien actuaría con habilidad
para promocionar a los oficiales partidarios de la reforma política y para
sustituir a los mandos de las fuerzas de seguridad (Policía Armada y Guardia
Civil) que parecían más partidarios de conservar el régimen franquista.


En realidad Suárez quería demostrar al ejército que la normalización
política del país no implicaba ni la anarquía ni la revolución y mucho menos
la disolución de las fuerzas armadas para la creación de milicias populares.
Para ello tenía la colaboración de Santiago Carrillo, el líder histórico del
Partido Comunista Español; pero no pudo contar en absoluto con la
colaboración de los grupos terroristas.


Para las elecciones generales de 1982 el Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) dirigido en esos años por Felipe Gonzáles se había cargo del
gobierno, lo que significaba un enorme cambio para las fuerzas armadas.


En este proceso son varios los elementos a tomar en consideración, como ya
comentamos, los últimos años del franquismo no habían sido profesionalmente
buenos para las instituciones armadas; el aislamiento y la retórica
franquista no caían bien en los jóvenes profesionales que buscaban que las
fuerzas armadas lo fueran de España y no de un partido político.


Además existe un consenso político entre todas las fuerzas de España
(consenso en el que también participa el Partido Comunista Español) respecto
de contar con fuerzas armadas que, al igual que el propio partido comunista,
se integren en el pluripartidismo y la propuesta política.


Finalmente la integración de España en la OTAN fue el paso definitivo que
llevó a sus fuerzas armadas a ser Españolas y Europeas de derecho pleno
contando hoy, no solamente con un sólido marco constitucional, sino con una
elevada calidad profesional y con el moderno equipamiento que es ya un
estándar en el tratado Atlántico.



ARGENTINA, UNA TRANSICIÓN ACCIDENTADA


A finales de 2001, Fernando de la Rua, presidente constitucional de
Argentina, renunció después de disturbios callejeros de gran envergadura que
causaron casi 30 muertos; en medio del caos que llevó a grupos organizados a
irrumpir en el Congreso e intentar prenderle fuego, más de uno se preguntó
dónde estaban las fuerzas armadas. La respuesta de ellas a los pedidos de
restauración del orden fue: sólo si el Congreso votara una ley que nos
ordenara hacerlo así.


Es el final de una evolución que comenzó en los años 70 y acaba de concluir.
Argentina pasó de un ejército con aspiraciones políticas a una fuerza armada
profesional que deja la política en manos de los civiles.


Argentina en esos años fue un verdadero campo de batalla; 1973 estuvo
marcado por la vuelta a un gobierno constitucional (peronista) que se
inauguró con una amnistía para aquellos que conformaron las organizaciones
terroristas. El retorno de Juan D.Perón al país y la continuidad de los
ataques terroristas acompañaron los últimos días del viejo caudillo (Perón
muere el 1° de Julio de 1974), su esposa, en ese momento Vicepresidente,
pasó a ser la primera mujer Presidente de la Argentina.


El 24 de marzo de 1976 un golpe militar concluyó con su débil mandato.
Personal militar pasó a controlar casi todos los aspectos del gobierno, al
tiempo que la actividad política era suprimida.


Lo que seguiría después sería una guerra civil larvada y no declarada que
dejó muerte, amargura y odio en las relaciones entre civiles y militares. Es
una visión mesiánica de su propia misión lo que lleva a la conducción
militar a lanzarse al conflicto del Atlántico Sur (1982), pensando que es
posible derrotar a Gran Bretaña y a la OTAN, incluyendo a los Estados
Unidos.


Como era de preverse y a pesar de los heroísmos individuales la guerra
concluyó en desastre (14 de junio de 1982).


Para septiembre de 1982 la actividad política será restaurada y los
militares comenzaron a retirarse de los puestos de gobierno.


La tarea de recomponer la sociedad civil y sus mecanismos no sería simple;
finalmente las elecciones generales de 1983 llevan al poder a Raúl Alfonsín,
candidato de la Unión Cívica Radical (UCR) uno de los partidos tradicionales
del país.


Desde el primer momento fue visible que el presidente tendría que encontrar
algún equilibrio entre quienes querían llevar a juicio y purgar a las
fuerzas armadas indiscriminadamente y las propias fuerzas, que no parecían
dispuestas a asumir ninguna responsabilidad. Alfonsín venía a cerrar un
ciclo de casi 50 años en el que las fuerzas armadas se habían comportado de
manera cuasi autónoma respecto del resto de la sociedad.


La primera tarea del presidente fue, apoyándose en la Constitución,
recuperar el mando efectivo de las fuerzas, lo que implicaba además que el
Ministro de Defensa –un civil- fuera quien ejerciera autoridad sobre
promociones y destinos. Por otra parte, las fuerzas armadas bajo el sistema
de tres “comandantes en jefe” se comportaron en forma totalmente autónoma
una de otra y ninguna prestaba atención al Estado Mayor Conjunto, a pesar
que se suponía que este era el canal de comando del Ministro de Defensa.


Pero el tema más delicado que aguardaba al primer gobierno civil era qué
hacer con las acusaciones contra miembros de las fuerzas armadas por
violaciones a los derechos humanos durante el gobierno militar. Según los
organismos de derechos humanos unas 30.000 personas habían desaparecido
durante la “guerra sucia” (si bien hoy el número fue reducido a unos 6.000)y
los jefes y oficiales involucrados debían ser llevados a juicio.


1985 y 1986 fueron los años de más dura confrontación entre el gobierno
civil y los militares que se sentían condenados sólo por cumplir con su
deber, perseguidos por su gobierno, con salarios muy bajos, despreciados por
la sociedad y sin posibilidad de reponer el equipo perdido en el Atlántico
Sur. En 1987 se producen dos movimientos militares que, si bien no son
golpes de estado, dejan a la vista que resultaba necesario encontrar una
solución política a tan difícil tema. El presidente envía al Congreso la
llamada “Ley de Obediencia Debida”, que exculpaba a los oficiales de bajo
rango por el cumplimiento de órdenes impartidas por sus superiores (mayo
1987).


Carlos Menem (justicialista) triunfó en las elecciones generales y debió
adelantar su llegada a la presidencia por renuncia anticipada de Raúl
Alfonsín.


Menem que recibe un país en ruinas sabe que la confrontación con las fuerzas
armadas sólo habrá de perjudicarle. Un amplio perdón presidencial alcanzó
tanto a ex guerrilleros cuanto a militares acusados de violaciones a los
derechos humanos.


Puede afirmarse que desde la restauración de la democracia, Menem será el
primer presidente en condiciones de ejercer en plenitud el cargo que la
Constitución le otorga de Comandante en Jefe de las fuerzas armadas.


Durante su segundo período presidencial (1995-99) pudo concluir con el
sistema de conscripción dando inicio a la conformación de un ejército
profesional. Se editó además el primer Libro Blanco de la Defensa, que
transparentó la situación de la misma.


Lo más importante a resaltar de estos años es el cambio en el papel y la
actitud de las fuerzas armadas que se auto asignaban funciones que las
ponían en pie de igualdad (cuanto no de superioridad) con el poder civil.
En la actualidad son un instrumento profesional que está subordinado al
poder civil.


Después de la salida de Fernando de la Rua a la que aludíamos al principio,
las elecciones presidenciales determinaron la llegada al poder de Néstor
Kirchner, un hombre del peronismo, pero afín al ala izquierda de su partido.
Su actitud es franca y abiertamente hostil hacia las fuerzas armadas y sus
políticas reabrieron temas que el grueso de los ciudadanos daban por
concluidos; sin embargo, a pesar de la opinión negativa que estas políticas
despiertan en las fuerzas, las mismas continúan cumpliendo sus tareas y
misiones con pleno acatamiento al poder constitucional.



CHINA Y EL EJÉRCITO POPULAR DE LIBERACIÓN: UNA SOLUCIÓN ORIGINAL PARA UNA
TRANSICIÓN DELICADA


Dentro de la estructura del gobierno de la República Popular China, el
Ejército Popular de Liberación, EPL, nombre con el que se conoce
genéricamente a todas las ramas de las fuerzas armadas, mantiene una
existencia semi- autónoma.


El EPL no reporta al Consejo de Estado de la República Popular China sino a
dos “Comisiones Militares Centrales”, (CMC) una que pertenece al Estado y la
otra al Partido. En la práctica no hay conflicto en este arreglo por cuanto
los miembros de una y otra son los mismos.


La “Comisión Militar Central” del Partido está subordinada al secretario del
PC Chino, mientras que la “Comisión Militar Central del Estado” está
subordinada nominalmente al “Congreso del Pueblo” que en la práctica tiene
casi nulo control sobre la CMC.


A diferencia de lo que sucede en otras naciones el Ministerio de Defensa no
es la cabeza de las fuerzas armadas.


El Ejército Popular de Liberación se encuentra en estos momentos en medio de
un período de concreción de las importantes reformas comenzadas en 1990,
cuyo objetivo es convertir a la fuerza en una profesionalmente capaz.


Las circunstancias que rodean a este proceso hacen que su éxito sea
altamente probable: China cuenta con fronteras seguras, desde mediados de
los años 80 que la región se encuentra en paz; China atraviesa por un
intenso período de prosperidad donde ideología y pragmatismo se
reconciliaron dando un marco de estabilidad política; China está además
realizando activas políticas de integración a un mundo que se globaliza y
además las fuerzas armadas van siendo reconocidas tanto por su capacidad
técnica cuanto por su competencia profesional.


Desde los años 50 cuando el Ejército Popular de Liberación (EPL) era un
“ejército campesino” a la fuerza militar profesional actual, diversas
transformaciones han tenido lugar en el tiempo. Las más importantes
comenzaron a partir de 1978, e incluyeron métodos modernos de reclutamiento,
nuevas estrategias y nuevos sistemas de entrenamiento.

El modelo de transición del EPL es tan peculiar como lo es la transición en
China; recordemos que el EPL es el primer ejército moderno que va a crear,
comenzando a fines de los 50 principios de los 60, una red de empresas
comerciales.


El concepto se basó en la idea del “estado socialista” y en la búsqueda de
la auto-suficiencia; así el EPL estableció una red de granjas, casas de
huéspedes y fábricas, cuyo objetivo inicial era ayudar a financiar los
gastos del EPL y muchas de estas empresas fueron exitosas produciendo
importantes beneficios, lo que a su vez redujo las necesidades
presupuestarias del EPL, que gerenció proyectos como el Beijing Palace Hotel
o Great Wall Telecom.


Las complicaciones ligadas a esta política se hicieron cada vez más
evidentes a partir de 1998; la presencia de oficiales en servicio activo
unido a problemas de contrabando y mercado negro, llevaron al presidente
Jiang Zemin a expandir el control del aparato del partido sobre el
ministerio de defensa y la producción de armamentos.


Pero por otro lado los beneficios comerciales resultaban muy importantes y
suplementaban los salarios militares generando fondos para la construcción
de nuevos cuarteles, vehículos y otros privilegios que mejoraban
visiblemente el nivel de vida de las fuerzas armadas.


En su momento de máxima expansión, se calculaba que unos 15.000
negocios/empresas estaban en manos de las fuerzas armadas, con una
facturación del orden de los 1.800 millones de dólares.


La otra cara de la moneda fue que según el propio Jiang, el contrabando en
puertos y bases militares le costaba al Estado chino 1.200 millones de
dólares en tarifas no percibidas.


Se producían además casos curiosos como la competencia entre “China Great
Wall Telecom.”, controlada por las fuerzas armadas y “China Telecom”, bajo
control del Ministerio de Informaciones, ambas compitiendo por brindar un
servicio de telefonía celular.


Hacia mitad de los 90 el Comité Central del Partido Comunista Chino resolvió
que el EPL debería desprenderse de todas aquellas compañías cuyos objetivos
nada tenían que ver con la defensa, particularmente los negocios
inmobiliarios, farmacéuticos, textiles y transportes. El argumento fue que
este involucramiento en los negocios resquebrajaban la disciplina y tenían
un efecto negativo en la capacidad de combate de las fuerzas armadas.


Sin embargo, esta determinación no resultaría simple de implementar,
particularmente porque el EPL deseaba alguna forma de compensación por los
más de 1.500 millones de dólares que dejaría de percibir.


Para el año 2000, la reducción de la presencia militar en la vida empresaria
está en pleno desarrollo. Como el concepto político fue no perjudicar al EPL
y a la vez aprovechar la experiencia adquirida por un management exitoso, se
optó por una solución inteligente; todo el personal militar en las empresas
mantuvo sus cargos, sólo que debió dejar el servicio activo pasando a la
reserva.


De esta manera, mientras el Estado chino continúa con su proceso de apertura
internacional, el EPL se profesionaliza, incrementa visiblemente su
capacidad tecnológica interactuando con la empresa privada y a la vez
retiene a su personal más experimentado y valioso, generando un modelo de
integración.



POLONIA UN MODELO PARA EUROPA CENTRAL


Pocas naciones en el planeta muestran una historia mas accidentada que
Polonia. Situada en el “medio geográfico” de Europa, siempre fue punto de
tránsito de invasores y defensores en todas las guerras europeas; objeto de
repartos y divisiones, siempre fue el sujeto pasivo de negociaciones
internacionales.


Puede hablarse de una Polonia verdaderamente independientes como nación
recién a partir de 1918. La denominada Segunda República sobrevivirá hasta
el inicio de la Segunda Guerra Mundial cuando la Unión soviética y la
Alemania nazi invadieron y se dividieron el país (septiembre 1939) a pesar
de la resistencia de un heroico pero técnicamente vetusto ejército polaco.


Concluida la guerra con la derrota de Alemania, Polonia será ocupada por la
URSS. Esto implicó que en 1948 comenzara un sistema stalinista de gobierno
reflejado en la proclamación de la “República Popular de Polonia” y en el
estacionamiento permanente de tropas soviéticas. Al mismo tiempo se iniciaba
la reconstrucción de las fuerzas armadas polacas, literalmente destruidas
por la segunda guerra, pero en base a un modelo que garantizara un alto
grado de fidelidad a la URSS; esta relación quedaría formalizada en los
tratados con la firma por parte de Polonia de su adhesión al Pacto de
Varsovia (1955).


El pueblo polaco nunca aceptó completamente la dominación de la URSS, y a
partir de 1956 muy lentamente, alguna de las libertades personales se fueron
recuperando, si bien en su política externa el país debía seguir alineado
con los planteamientos de Moscú.


Será recién a partir de 1980, con la aparición del movimiento “Solidaridad”
que se gestaría un gremialismo independiente que reivindica el derecho a la
huelga en los grandes astilleros y fábricas metalúrgicas polacas, con lo que
la aspiración a una mayor apertura política se hace algo muy evidente.


Las fuerzas armadas por su parte supieron mantenerse al margen de toda esta
agitación; salvo unos pocos oficiales superiores, el resto de los mandos,
así como los soldados, veía y era visto con desconfianza por los soviéticos;
esto se hace más visible cuando se analiza la relación militar de la URSS
con las fuerzas armadas de la entonces “República Democrática Alemana” que,
recibía, dentro del pacto de Varsovia, los equipos y tecnologías más
modernos por cuanto su “confiabilidad” era para Moscú mucho más elevada que
la de Polonia.


El gran cambio político se produce en 1989 cuando el Partido Comunista
Polaco pierde en elecciones libres la mayoría parlamentaria y el candidato
de Solidaridad, Lech Walesa gana la presidencia.


Nuevamente en este punto la actitud de las fuerzas armadas de atenerse al
resultado de la votación resulta capital en la transición que de esta manera
será incruenta; Polonia inicia de inmediato una serie de vigorosas reformas
económicas que permitieron que aflorara toda la iniciativa y el espíritu de
empresa del pueblo polaco, por lo que su economía no tardó en transformarse
en una de las más robustas de la Europa Central.


Diez años después (1999) Polonia solicitaba y obtenía su ingreso a la OTAN
lo que implicaría enormes cambios para sus fuerzas armadas.


El principal objetivo para su seguridad nacional es la preservación de su
territorio y de sus instituciones y para ello encara la modernización y
reorganización de sus fuerzas armadas, y se integra al mando unificado de la
OTAN buscando de esta forma lograr los más altos niveles de entrenamiento y
equipos.


Polonia por su determinación mantiene una importante estructura militar
hasta el día de hoy; con 175.000 hombres, de los cuales casi 100.000
integran el ejército; 39.000 las fuerzas de defensa aérea y unos 16.000 la
armada; si bien es cierto que para el año 2006 se planean algunas
reducciones de personal (llevando el total de los efectivos a 150.000
hombres) un acelerado plan de modernización esta mejorando visiblemente sus
equipos; además la posibilidad real de entrenar junto con otros efectivos de
la OTAN mejora la calidad operativa de todo el personal.


La integración de Polonia a la Alianza Atlántica le posibilitó también
participar en misiones de mantenimiento de paz bajo bandera de las Naciones
Unidas, lo que resulta en importantes experiencias prácticas.


Posiblemente el caso de Polonia sea aquel donde la transición resultó no
sólo más simple sino también más exitosa y esto tiene que ver con varios
factores de entre los cuales vale la pena destacar dos: Las fuerzas armadas
no buscaron interferir o impedir los cambios políticos que la población
deseaba y que se pusieron en movimiento a partir de 1989. Segundo, la
calidad del material humano y su capacidad para adaptarse a las nuevas
circunstancias fue el otro factor relevante que además posibilitó que la
transición se llevara a cabo sin purgas ni retiros masivos del personal
militar que ahora se encuentra integrando una fuerza armada 100% profesional
en acelerado proceso de modernización.



CONCLUSIONES FINALES


El deseo de libertad es algo que está en el alma humana y no hay “revolución
socialista” que lo haga desaparecer, puede reprimirse, puede controlarse,
pero siempre por períodos acotados de tiempo.


Este es el problema que enfrenta la Cuba de Fidel Castro, no importa si
Fidel es o no sucedido por Raúl, lo que importan son las corrientes
profundas de la historia.


En 1979, cuando la URSS lanza su máquina bélica sobre Afganistán, parecía
que el triunfo del marxismo era “inevitable”; Granada se convirtió en una
isla Marxista; las fuerzas armadas Cubanas establecieron regimenes
socialistas en África; los sandinistas se instalaron en Nicaragua mientras
conflictos armados se sucedían en El Salvador, Guatemala y Colombia. Una
década después (1989) lo impensable había sucedido, el llamado imperio
soviético implosionó sin disparar un tiro, Afganistán vive en un sistema
pluralista, los sandinistas perdieron Nicaragua, los Marxistas fueron
expulsados del poder en Granada y toda América Latina vive en democracia.


Analizamos en este breve trabajo cinco casos muy diversos de transiciones
desde regímenes autoritarios a sistemas democráticos, sin embargo si se los
piensa desde la perspectiva de las fuerzas armadas, en todos ellos se logró
una inserción no traumática de las mismas en el nuevo esquema.


Es más, tanto en el caso español cuanto en Chile, puede afirmarse que las
fuerzas armadas respectivas están “mejor” hoy que durante los gobiernos
autoritarios; en el caso argentino podría decirse lo mismo si dejamos de
lado la crisis económica por la que aún hoy atraviesa el país, China va
camino a convertirse en una superpotencia y Polonia es un ejemplo de
transición para Europa Oriental.


En todos los casos además, las fuerzas Armadas tienen aseguradas su
continuidad y esta queda consagrada en la Constitución y en las propias
políticas de defensa que fijan los ministerios respectivos.


En el caso cubano el momento llegará para los miembros de las fuerzas en que
tendrán que enfrentar la opción; el partido y la elite de la revolución o
mirar al futuro con confianza.


Cuba y los cubanos necesitan construir consensos para lograr una transición
pacífica hacia la libertad y el pluralismo; en esa transición el papel de
las fuerzas armadas puede ser de enorme importancia si en el momento clave
las mismas toman para sí el monopolio de la fuerza y lo ejercen de tal modo
de evitar la violencia, se estarán garantizando su propio futuro y un lugar
relevante en el de la isla.

Alvaro Kröger
.

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